El río de la duda
Cuando hablamos de presidentes de los Estados Unidos, solemos asociar esa figura con personas vinculadas al mundo ejecutivo, empresarial, que saltan de despacho en despacho, o de empresa en empresa, rodeados de asesores, secretarias, viajes oficiales, una carrera pre-dirigida casi desde la infancia y, en definitiva, nada que pueda constituir un riesgo para tan insigne personaje.
Pero en todas las reglas hay excepciones, y Theodore Roosevelt es, sin duda, LA excepción. Uno de los hombres más conocidos de finales del siglo XIX, su inquietud intelectual le llevó a viajar por África y Sudamérica, y a descubrir y conocer de primera mano multitud de datos y experiencias sobre campos tan variados como la política, la botánica, la cinegética…porque Theodore Roosevelt fue un aventurero nato, un hombre de acción. Alguien que disfrutaba con experiencias lo más excitantes y desafiantes posibles, y, en este relato, El río de la duda, el propio Teddy (como le conocían los norteamericanos), nos narra, con todo lujo de detalles, su expedición a la selva amazónica, remontando el que entonces se conocía como el río de la duda, que después se renombraría en honor al presidente. Un río, en un lugar inhóspito, lejos de la civilización, siendo, literalmente, los primeros en llegar. Una aventura para la que están mal equipados, con peligros mortales, falta de alimentos, malaria, mosquitos, silencio ominoso, locura…
La narración, dotada de gran fuerza, y muy prolija en detalles, nos sumerge en una expedición con la que Spielberg podría hacer maravillas, pero que es a la vez es real, con personas que viven y mueren dependiendo de decisiones a veces irracionales.
El estilo de Roosevelt, propio de hombre de letras, autodidacta, enciclopédico, puede llegar a ser un poco cargante, pero lo compensa con la inmersión que provoca en el lector, que se ve envuelto, él también, en una selva hostil con el ser humano, que, a la vez, muchas veces, peca de soberbia estupidez, a la hora de afrontar los peligros de la naturaleza.
El libro es como el viaje: Desafiante. En algunos momentos es duro de leer, y cuesta avanzar, pero merece la pena, porque el lector, al terminar, se siente también un poco descubridor del río de la duda, parte del equipo, y descubre una cosa que tal vez el mundo actual está perdiendo: Que las cosas que más cuestan son luego las que más se valoran.
Que aproveche



Un país maravilloso es la narración del viaje que Samuel W. Cozzens realizó, entre los años 1858 y 1860, por la zona de Nuevo México y Arizona. Allí conoció de primera mano a los apaches, vivió un tiempo con ellos, descubrió sus costumbres, su forma de pensar y de actuar, sufrió el choque que constituye confrontar su mentalidad con la de un indio americano del siglo XIX, y tomó numerosas notas de su experiencia. También visitó la zona fronteriza con México, de donde los españoles habían obtenido un par de siglos atrás numerosos beneficios, en forma de plata pura, a cambio de condenar a esos indios a la extinción a manos de los apaches, sin que los hispanos, comenta, hicieran nada por evitarlo.






