Hoy no vamos a hablar de un libro, vamos a hablar con un autor, en concreto, con Artur Balder, escritor de la saga fantástica de Curdy, publicada por Montena, y traducida a cinco idiomas, quien prepara su siguiente novela histórica para EDHASA, de publicación en octubre de este año,  que ha tenido la amabilidad de prestarse a responder una serie de preguntas sobre temas de literaratura y actualidad del mundo literario. En esta primera entrega os mostraremos la parte más literaria de la entrevista, y, posteriormente, una segunda parte sobre la realidad del mundo editorial. Espero que os guste.

  • Estás volviendo a preparar una nueva novela histórica. Después de la vuelta  a la fantasía que supuso Curdy y el Cetro de Carlomagno,  ¿vuelves a la novela histórica porque te dejaste cosas en el tintero o tienes ideas nuevas?

Me persiguen viejas ideas, que se convierten en nuevos proyectos a la vista del público, aunque para mí no lo son, pues detrás de ellos hay una intención de hace muchos años. Por otro lado, los géneros conviven en mi escritorio y no parecen molestarse unos a otros. La novela histórica es un género del que no podré escapar, creo, si bien he experimentado la necesidad de trabajar más profundamente que antes, y por lo tanto este nuevo proyecto me está llevando muchisimo más tiempo. Es necesario un espacio amueblado al detalle, para que cualquier movimiento esté perfectamente justificado y sea creíble. Se trata de una obra ambientada en la Edad Media, va a ser publicada por Edhasa, y de la que podréis encontrar información en su web.

  • Es sobradamente conocido por todos tu devoción a ese gran mago de la fantasía que fue J.R.R. Tolkien. ¿Tienes alguna figura similar en el campo de la novela histórica?

No tengo esa misma relación tan personal con ningún otro autor como con Tolkien, tan sólo porque Tolkien apareció en un momento muy específico de mi vida. Uno tiene muchos maestros que le enseñan algo, pero conserva siempre un recuerdo especial de la impronta dejada por el primero de ellos. Creo que Tolkien fue el punto de partida de un viaje. Después han llegado muchísimas otras lecturas, pero he sido fiel a ese recuerdo. Es algo personal, si bien mi obra cada vez está más lejos de la suya, como por otro lado era de esperar. En el caso de la novela histórica, diría que la mayor inspiración ha sido la Historia en sí misma, sin modelos literarios preconcebidos o extraídos de otros autores. Cuando he escrito una novela histórica ha sido porque me ha inspirado un cierto acontecimiento histórico, no cierta novela histórica.

  • ¿Crees que tienen algo que ver ambos tipos de novela, la fantástica y la histórica? A mi entender, ambas comparten una serie de premisas: En la novela histórica siempre se incluye algo que no es históricamente cierto, y por lo tanto, “fantástico”; mientras que la novela fantástica siempre bebe de la historia para montar sus tramas, argumentos y contextualizaciones…

Efectivamente, bajo la aparente libertad de medios de la novela fantástica se oculta un rígido corsé que hace posible que esa realidad fantástica sea posible.

Por ejemplo, yo considero que la mejor novela de fantasía de los últimos años no ha sido Harry Potter… sino El Código DaVinci. No es una novela contemporánea, ni negra, ni policíaca, bien analizado y visto desde cierta distancia, es literatura fantástica: absolutamente nada es cierto, pero remite a un juego de reglas tan estrictamente tramado que el espectador termina por creer a pies juntillas que todo es verdad, porque es posible. Esa es la clave y el punto en el que ambos géneros se tocan. La mera ambientación histórica es árida, es necesario el conjunto de factores que hacen posible que todo sea creíble. Voy a poner un ejemplo arriesgado: cuando Marlon Brando empezó a actuar, la gente iba a verlo al teatro y se preguntaba, perpleja, “pero este chico, ¡no está actuando!” Lo demás es historia, pero el ejemplo sirve: delante de Brando el público tenía la sensación de no había “actuación” sino realidad, y lo mismo pasa con el arte de narrar una historia. Cuando más creíble, cuanto más real, más placer para el lector.

  • ¿Qué opinas de la situación actual de la novela histórica? ¿No se mueve demasiado al hilo de modas?

Todo se mueve al hilo de las modas, de modo que no se le puede achacar un mal mayor que el común.

Se produce mucha novela histórica, quizá porque tiene unas claves que son fácilmente aprovechables tanto por el principiante lleno de buenas intenciones como por el veterano sin escrúpulos: la novela histórica se vende mucho a través del concepto de revisión de hechos pasados, se trata de facilitar una serie de de hechos que acontecieron en un tiempo y lugar y que de por sí tienen el atractivo del “atrezzo”, de lo exótico, de lo que es de otra época. Además, el autor puede tomar personajes e incluso hechos prestados, es más, se basa en eso. Desde ese punto de vista, la novela histórica es fácil. Es fácil hojear la historia y sentir simpatía hacia un hecho, personaje, etc, y tomar de ahí la base de una trama. Este es el escalafón más bajo de la novela histórica, cuando sólo hay eso, o poco más. Respetable, sin lugar a dudas, pero poco o nada ambicioso desde el punto de vista creativo y estrictamente literario, y reportará menos satisfacción al lector. El resultado es una ingente cantidad de novelas mecánicas, por así decir: con ese credo se pueden escribir novelas en serie. Porque falta en sí la novela, la esencia del acto fabulador: la experienciación. La novela histórica tendrá valor en la medida en que el autor sea capaz de trabajar a fondo las sustituciones, cuando sus personajes, con nombre histórico, sean personajes lo más reales posibles, cuando para él sea cuestión de vida o muerte cada diálogo y la consclusión del argumento. De lo contrario, será solo comercio. El Nombre de la Rosa es una novela histórica, sin embargo, está a años luz del 99% de lo que se publica bajo el epígrafe de novela histórica. La novela histórica puede ser una de las formas más ricas de literatura, o una de las más áridas y pobres.

  • ¿Tienes algún momento histórico preferido? Alguno aparte de los narrados ya en tus libros, quiero decir…

El Medioevo, sin lugar a dudas. Creo que será todavía durante muchos siglos el período más rico de la Historia. El Medioevo es una historia de mosntruos, de inocentes, de grandes rebaños perdidos y de sus pastores, obsesionados con la idea de mantener al rebaño acobardado, y a su vez es la historia, apasionante en todas sus variantes y desde esa idea seminal, de cómo los rebaños de la humanidad se libraron poco a poco de ese miedo. Más allá de los cultos monjes, de los fastuosos cluniacenses y de sus fantásticas geografías y bestiarios, el Medioevo es la selva del simbolismo donde se ocultan los grandes misterios de ese santo grial jungiano que es el subconsciente colectivo de la era moderna.

  • Cambiando un poco de tema: Escritor, director, pintor… ¿ cómo enfocas tantos campos a la vez en un mundo en el que parece que la palabra clave es “especialización”?

La especialización ha sido inevitable en las ciencias, dada la ingente cantidad y variedad de campos que se han extendido ante el conocimiento contemporáneo… pero creo que en el caso de las artes y de las humanidades, hablar de especialización sólo puede conducir a un retroceso en la mejora del alma humana y de la concepción de la creación. Creo que el Renacimiento nos dio una lección en ese sentido; sus artistas más emblemáticos no tenían miedo de experimentar ni de crear, se dejaban llevar por una fuerza que ellos definieron como misteriosa, pues incluso hoy carece de definición, y negar su existencia es negar la evidencia. He convivido con un proceso creativo múltiple desde que era un niño, y creo que la clave ha radicado en el hecho de que nunca lo detuve. Seguí “jugando” después de niño, sólo que después lo hice con formas, colores o palabras, acontecimientos, asumiendo las infinitas posibilidades de las distintas disciplinas artísticas, siempre siendo específico en cada período. Mientras realizaba mis primeras exposiciones de pintura desarrollaba los borradores de muchas de mis novelas históricas; mientras se publicaban mis novelas en los últimos años estudié producción y dirección cinematográfica, y fue inevitable que adaptase todas las reglas de la novelación a las reglas de la guinización… Las artes tienen puntos en común, incluso áreas enteras, a través de las cuales la energía se trasvasa de una forma a otra, lo que confiere ventaja a la hora de desarrollar una idea creativa inicial.

  • ¿Y ese punto de vista se extiende a todo el mundo, o es algo que debe darse en un grupo concreto de personas?

Es una actitud ante la vida, todo el mundo puede adoptarla como propia. Personalmente, creo que la especialización es necesaria para la humanidad dado el desarrollo científico, pero a su vez conlleva un empobrecimiento que debe ser contrarrestado con una mayor amplitud de ideas, que son los que expanden aquellas facultades humanas que en mayor medida influyen sobre el bienestar general y particular de los individuos, conectados con un todo, y conectados con su propia realidad subconsciente.

  • ¿Aparte de la literatura, tienes pensado algún otro proyecto cultural?

Ya tenía ganas de poner en marcha la primera película, que se rodará aquí en Nueva York el póximo mes de junio, un documental en parte surrealista sobre la Spanish Society of New York, la estancia de Lorca en Manhattan, y cómo los españoles ven hoy España desde el exterior. Voy a trabajar con dos talentos americanos en el equipo técnico, Tomás Alvear, un fantástico director de fotografía, y Chad Ostrom, mago de la producción. Con el mismo equipo y para pricipios de 2011, esperamos rodar un largometraje de ficción ambientado en una de las zonas más interesantes de Manhattan.

  • ¿ Qué es la Spanish Society ?

Respecto a la Spanish Society de Nueva York, hay que decir que esta sociedad fue fundada por inmigrantes españoles hace más de cien años y es la más antigua de los Estados Unidos. El mundo hispano de Nueva York es muy rico y variado, y está dando un apoyo que yo jamás habría imaginado posible antes de iniciar la preproducción, porque estaba acostumbrado no al mundo hispano, sino al mundo español. Esto no es España… aquí hay un espíritu de unidad, de colaboración, de fraternidad hispana que no tiene nada que ver con las guerrillas entre provincias que azotan la política española, y que incluso se reflejan en el mundo editorial, sesgado por la mayor parte -Jacinto Antón es una rara excepción en este panorama- de la prensa cultural catalana, en eterno pulso con Madrid.

  • ¿ Un libro que esperases, o desearas leer desde hace tiempo?

Un acontecimiento que esperaba con ansiedad desde hace años era la publicación del Libro Rojo de Carl G. Jung, que se ha llamado “el santo grial del subconsciente colectivo”, así como cierto material inédito de las pruebas de cinematográficas de Fellini. Así que mis sueños se van cumpliendo pacientemente.

  • ¿ Cuál es tu idea de un lector agradecido ?

El lector ideal de un texto es un cómplice, un cómplice que asume completamente en las reglas de tu juego fabulador. Ese es el que más disfruta y además y el más fiel de todos. No hay nada más satisfactorio que leer una novela en la que todo lo que leemos nos parece factible y por lo tante creíble, De ahí las complejidades de la literatura fantástica, tan adulterada por las modas, los pulsos de ventas y los efectos especiales de las películas. Incluso una novela fantástica remite a un juego de reglas que el autor debe ser capaz de manejar y modificar de un modo muy específico, sin violentar ese punto de vista o “frame” del espectador, dentro del cual todo es creíble, pero que, si se rompe, destruye la magia, que en sí no es diferente a la magia de cualquier novela de otro género: es la magia de volver creíble lo que de hecho es una estructura fraseológica de miles palabras, con un único sentido subyacente.

  • ¿ Crees que es difícil escribir un libro, o cualquier forma de arte similar?

John Cassavettes le dijo a Scorsese a principio de los años setenta: “haz películas sobre aquello que conozcas muy bien”. Y Scorsese escribió y dirigió Malas Calles. Dice mucho sobre el proceso creador: todas las artes son muy específicas, hay que saber en cada momento qué es lo que se quiere, ese es el norte. Si uno sabe lo que quiere, si tiene una relación personal con los personajes, extraídos casi de la realidad, si sabe de lo que habla, porque casi lo ha vivido, escribir será tan sencillo como respirar, un acto automático que no implica esfuerzo alguno y no hace falta ni mirar la pantalla del ordenador (algo que, por cierto, es muy perjudicial para la vista… mejor mirar a otra parte). Por otro lado, creo que la creación es un laberinto, prolongaciones de un laberinto espacial que se traslada al mundo de las ideas, y es un laberinto en el que todos los creadores están más o menos felizmente perdidos. Se encuentra algo como principio de otro pasadizo. Se cree que se llega a un destino para descubrir que hay otra puerta detrás que conduce a otra parte. Todo creador es un poco aliciano, experimenta placer en perderse siguiendo las huellas de personajes imaginarios inspirados en personajes reales o experiencias personales.

  • Y hasta aquí la primera parte de la entrevista….Pronto os ofreceremos la segunda parte de la misa. Espero que disfrutéis leyéndola.